De pizzas a hamburguesas: cómo un mismo food truck de Lacomma dio vida a dos marcas de éxito

The Burgers Club Food Truck ejemplo de reinvención

Hay una pregunta que aparece una y otra vez cuando alguien empieza en esto del street food. «¿Qué producto debería vender para tener éxito?». Es una duda lógica. Cuando emprendes, no siempre sabes hacia dónde te llevará el camino. Hay proyectos que nacen con un plan milimétrico y otros que, sencillamente, se van transformando según avanzan.

La historia de Oliver Colomo nos enseña que el éxito no es un lugar donde quedarse quieto, sino la libertad de poder evolucionar. Oliver y su equipo hoy recorren España con The Burguers Club, una hamburguesería móvil que destaca por su estética y su propuesta gourmet. Pero antes de las hamburguesas, hubo otro viaje. Antes de las smash burgers, hubo pizzas. Ambas historias comparten mucho más que el espíritu emprendedor: comparten el mismo «esqueleto».

El origen: un pueblo de Toledo y una idea sobre ruedas

Oliver y su equipo no vienen de una gran metrópolis, sino de Escalona, un rincón al norte de Toledo. Es un municipio con historia —unos 2.500 años de ella— donde la gente valora la autenticidad y el trabajo bien hecho. Ese carácter de «pueblo con historia» es lo que Oliver ha trasladado siempre a su forma de cocinar: una hostelería cercana, sin pretensiones y muy currada. Hoy recorren el país con sus hamburguesas, pero esa esencia de Escalona es la que hace que su marca conecte tan bien con la gente.

Todo empezó con una pizza. Oliver llevaba años dedicado al mundo de la restauración con Tito’s Pizza. El restaurante funcionaba y la clientela era fiel, pero sentía que le faltaba algo. ¿Y si llevábamos el restaurante a la gente? Así nació su primer food truck. No como una alternativa, sino como un desafío: demostrar que una pizza hecha sobre ruedas podía estar al mismo nivel que la de cualquier pizzería de toda la vida.

Lo consiguieron, pero hay personas que no entienden el éxito como una meta, sino como el combustible para seguir creando.

Titos pizza food truck

Y posteriormente, como buenos emprendedores… New Titos Pizza.

New titos pizza

Cuando el mercado cambia (y tú cambias con él)

Después de recorrer miles de kilómetros y servir cientos de pizzas, el olfato de Oliver le dijo que el aire estaba cambiando. Las hamburguesas vivían un momento dulce y festivales como The Champions Burger o The Burger Cup se estaban convirtiendo en el centro de gravedad del street food en España.

Oliver tenía dos opciones: quedarse donde estaba, cómodo con su pizza, o volver a ilusionarse. Eligió lo segundo. Quería construir una marca nueva, con personalidad propia, una identidad que gritara «calidad» desde antes de que el cliente probara el primer bocado. Así nació The Burguers Club.

Aquí surgió la duda del millón: ¿Había que comprar otro camión? ¿Había que empezar desde cero otra vez? La respuesta fue un rotundo no.

El food truck como una herramienta de vida

Oliver descubrió que un food truck de calidad no es solo un vehículo, es una herramienta preparada para crecer contigo. Adaptar la cocina, cambiar la distribución interior, rediseñar el exterior… fue un proceso intenso, pero posible porque la estructura base —el chasis, el aislamiento, la distribución— era sólida como una roca.

«Al final nos dimos cuenta de que un food truck bien pensado puede evolucionar igual que evoluciona un negocio», nos cuenta. Cuando tu sustento depende de salir a la carretera cada fin de semana, la tranquilidad vale mucho más que cualquier catálogo.

the burguers club food truck

La elección que marca el futuro

Cuando Oliver buscaba un fabricante, no quería solo algo bonito. Necesitaba a alguien que entendiera que esto no es un juguete, sino un negocio que debe aguantar cientos de kilómetros y decenas de eventos sin que salten las alarmas.

Así conoció a Lacomma.

«Desde el primer momento nos transmitieron confianza», recuerda Oliver. Especialmente Ángel, que no le habló de medidas, sino de soluciones. Esa complicidad fue clave. Cuando estás en mitad de un festival, con una cola enorme y el ritmo a tope, no quieres preocuparte por si el remolque responde o si el sistema eléctrico va a fallar. Quieres saber que tienes una base técnica capaz de aguantar el ritmo.

Esa es la ventaja de haber elegido bien desde el principio: no hizo falta una reforma de ingeniería angustiosa, sino una adaptación técnica sencilla que permitió seguir trabajando.

El momento en que todo cobra sentido

Preguntamos a Oliver cuál es el instante más especial. No nos habló de un festival concreto, ni de una ciudad famosa. Nos habló de algo mucho más humano: «Ver una cola enorme delante del food truck y pensar que todo el esfuerzo ha merecido la pena».

También reconoce que hay algo que le emociona todavía más: cuando alguien se acerca y le dice: «Os probé hace meses en otra ciudad y os he buscado porque quería repetir». Ahí es cuando entiende que ya no está vendiendo una hamburguesa. Ha construido una marca.

Un consejo para quien empieza

Si hoy alguien se acerca a Oliver y le pregunta qué hacer, su respuesta es sencilla: «Que no tenga miedo».

Los mercados cambian, las modas pasan, pero un buen food truck —uno diseñado pensando en el largo plazo— se queda. La lección de Oliver es clara: rodéate de profesionales, diseña pensando en el futuro y, sobre todo, no dejes nunca de aprender.

Un buen food truck no solo acompaña a un negocio. A veces, también acompaña los sueños de quien se atreve a empezar de nuevo.

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