Nerea Figuera, dueña de Food Truck La Parada: “La flexibilidad es nuestra mayor virtud: estar en movimiento sin perder la identidad.”

Nerea Figuera, dueña de Food Truck La Parada: “La flexibilidad es nuestra mayor virtud: estar en movimiento sin perder la identidad.”

Cuando Nerea Figuera cerró la puerta de la alta hostelería para abrir otra mucho más grande —la de la calle, los festivales, los rodajes y las celebraciones privadas— quizá no imaginaba que acabaría recorriendo toda España llevando su cocina a destinos llenos de vida. Lo que empezó como una aventura para recuperar el contacto directo con los clientes, hoy es Food Truck La Parada, un proyecto gastronómico que no entiende de escenarios fijos ni de etiquetas.

Desde una finca en Toledo hasta un set de rodaje o un evento corporativo de BMW, su cocina es capaz de adaptarse a todo… menos a la indiferencia.
En esta entrevista, Nerea nos habla de su salto desde la alta cocina, de lo que significa montar un negocio en movimiento, de cómo es trabajar para grandes marcas y de por qué tener dos food trucks no solo es una cuestión logística, sino también un símbolo de crecimiento.

1. Nerea, vienes de una trayectoria en alta hostelería… ¿qué te llevó a dar el salto al mundo del food truck y montar Food Truck La Parada?

Después de años trabajando en alta hostelería, sentí la necesidad de recuperar el contacto directo con el cliente, de volver a una cocina más viva, más cercana, pero sin renunciar a la calidad y al cuidado por el detalle que aprendí en ese entorno. El food truck me ofrecía esa posibilidad: un formato dinámico, versátil, donde poder llevar la gastronomía allá donde la gente la disfruta, ya sea en un festival, un evento privado o una producción audiovisual. Así nació La Parada: como una forma de dar rienda suelta a la creatividad y a la cercanía sin perder la excelencia.

2. Tener un negocio que puede moverse a cualquier lugar permite llegar donde el cliente está… ¿qué es lo que más te gusta de esa libertad y de poder adaptarte a escenarios tan distintos?

Sin duda, la libertad que nos da el formato es una de las grandes virtudes de este modelo de negocio. Poder levantar “el restaurante” en medio de un bosque, una nave industrial, una finca o el centro de una ciudad, y ofrecer una experiencia gastronómica de calidad, es algo único. Me encanta esa sensación de movimiento, de no encasillarnos, de adaptarnos a contextos tan diferentes y convertir cada uno en una experiencia personalizada y especial.

3. Hace poco habéis ampliado la flota y ya contáis con dos food trucks… ¿Qué ha supuesto para vosotros dar ese paso? ¿Qué nuevas oportunidades os abre tener dos unidades operativas?

Ampliar la flota ha sido un paso muy importante para nosotros, no solo a nivel operativo, sino también simbólico: significa que el proyecto crece, que hay confianza por parte de los clientes y que el equipo está preparado para afrontar nuevos retos. Tener dos unidades nos permite cubrir más eventos simultáneamente, diversificar propuestas gastronómicas e incluso adaptar una de las food trucks a formatos más personalizados, como rodajes o eventos privados de menor escala. Es abrirnos a un mercado más amplio, más flexible y más ambicioso.

4. Habéis trabajado para marcas como BMW o Dulcesol… ¿cómo llega un food truck a colaborar con empresas de ese nivel? ¿Qué buscan este tipo de clientes cuando contratan un servicio como el vuestro?

Trabajar con grandes marcas es siempre un orgullo, y también una gran responsabilidad. Lo que buscan no es solo un producto gastronómico de calidad, sino una experiencia coherente con sus valores: estética cuidada, servicio impecable, imagen de marca alineada con su identidad y capacidad de adaptación a sus exigencias. En ese sentido, cuidamos tanto el fondo como la forma: la comida es solo una parte de la propuesta, el resto es experiencia, narrativa, presencia y profesionalidad. Creo que eso es lo que más valoran cuando nos eligen.

 

5. ¿Qué papel juega la creatividad en el día a día de Food Truck La Parada? Tanto a la hora de diseñar menús como de adaptaros a espacios o públicos tan variados.

La creatividad lo es todo. Desde la concepción de los menús hasta la manera de presentar el producto, el montaje del espacio, la estética de cada evento o incluso la interacción con el público. Cada cliente y cada entorno nos plantea un reto distinto, y esa variedad nos obliga a salir constantemente de la zona de confort. Para mí, Food Truck La Parada es una cocina sobre ruedas, sí, pero también un laboratorio de ideas, de soluciones y de emociones.

Food Truck La Parada presente en el evento de Dulcesol, ofreciendo una experiencia gastronómica única. Fuente: Nerea Figuera.

6. Detrás de cada servicio hay mucho trabajo en equipo… ¿Cómo es el equipo que mueve La Parada y qué valoras más de ellos en cada evento?

Tengo la suerte de contar con un equipo humano increíble, comprometido, versátil y con una actitud impecable. En un formato como este, donde todo puede cambiar sobre la marcha, necesitas personas que no solo hagan bien su trabajo, sino que entiendan el proyecto, que se impliquen, que sumen. Valoro mucho la capacidad de adaptarse, de mantener el buen humor en situaciones de presión y, sobre todo, el compañerismo. Sin equipo, nada de esto sería posible.

7. ¿Recuerdas algún evento que haya sido especialmente especial o diferente para ti? Ese en el que pensaste: “Por esto merece la pena tener un food truck”.

Recuerdo especialmente un evento en mitad del campo, rodeados de naturaleza, con una puesta de sol espectacular y una atmósfera íntima y mágica. Los asistentes eran pocos, pero cada uno de ellos se acercaba al food truck con una sonrisa, agradeciendo lo que hacíamos. Ese día sentí que habíamos conseguido crear algo especial, algo que no solo alimentaba el cuerpo, sino también el alma. Fue un recordatorio de por qué empezamos en esto.

8. Ahora que os metéis en el mundo de los rodajes… ¿crees que el sector del food truck seguirá creciendo en áreas como cine, publicidad o eventos privados? ¿Hacia dónde ves que va el mercado?

Totalmente. El formato del food truck encaja a la perfección en el ecosistema de rodajes y eventos creativos: somos rápidos, autónomos, estéticos y flexibles. Y en esos entornos, donde el tiempo y la logística son tan delicados, contar con una solución gastronómica completa y profesional es un valor añadido. Creo que el mercado va hacia una mayor especialización y personalización, y ahí los food trucks que sepan combinar experiencia, diseño y calidad tienen mucho que ofrecer.

 

 
 
 
 
 
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9. Para quienes estén pensando en lanzarse a la aventura y adquirir su primer food truck… ¿qué consejo les darías después de tu experiencia estos últimos años?

Les diría que se lancen, sí, pero con los pies en la tierra. Este es un negocio apasionante, pero también muy exigente. Hay que cuidar la marca, la operativa, el equipo, los números.
Es importante tener una visión clara, un concepto definido y, sobre todo, ser muy constantes. No es solo cocinar: es emprender, comunicar, adaptarse, resolver. Pero si te apasiona la gastronomía y disfrutas del contacto directo con la gente, es una aventura maravillosa.

10. Después de estos años de experiencia… ¿Cuál dirías que ha sido el mayor aprendizaje que te ha dado este negocio?

Creo que el mayor aprendizaje ha sido entender que la flexibilidad es una virtud, no una debilidad. Aprender a moverse, a adaptarse, a fluir con los imprevistos… y hacerlo sin perder el rumbo ni la identidad del proyecto. También he aprendido a valorar lo esencial: un buen producto, un buen equipo y una buena actitud pueden marcar la diferencia, incluso en
los escenarios más complejos.

11. Si tuvieses que definir en una frase qué representa para ti tener un food truck… ¿cuál sería?

Para mí, tener un food truck es la posibilidad de cocinar experiencias memorables allá donde nos lleve el camino.

Nerea sabe que su food truck no es solo un vehículo, sino un corazón que late en constante movimiento. Porque en su mundo, detenerse sería perder el ritmo de esa magia que compone cada evento, cada encuentro, cada instante en el que la gastronomía se convierte en emoción. La Parada no se queda quieta; se despliega, se transforma y sigue andando, como una historia que nunca termina.

 

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